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Proverbios 1:7

El principio de la sabiduría es el temor de Jehová;
Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.

Existe una sabiduría que es según el corazón de Dios. A la vez, vivimos en este mundo rodeados de su mundana sabiduría, que nos pretende llevar por caminos de apariencia recta, pero que nos harán caer vez tras vez en errores más profundos.

Alcanzar la sabiduría del Señor es un manantial que no se agota. Es una propuesta divina a la que sólo se puede  acceder por Su Gracia.

En este mundo tendremos aflicción. La sabiduría de este siglo intentará opacar en repetidas oportunidades el consejo de Dios.  Los “insensatos” son aquellos que siguen el consejo de este mundo, en lugar de moverse por los designios de Dios para nuestra vida.

El perdón es el arma más liberadora que existe para ser genuinamente libres.

El saber perdonar es de sabios. El perdonar es reconocer que aquel a quien vamos a perdonar no se lo merece, tal como no nos merecíamos el perdón de Dios en el sacrificio de Cristo. De todos modos lo perdonamos, porque Dios, aún sin nosotros merecerlo, nos perdonó.

Despreciar el perdón como herramienta de libertad (tanto de nuestro ofensor como de nosotros mismos), es una insensatez.

Que el Señor nos abra el corazón para comprender las múltiples formas sanadoras del perdón.

¿Cómo das?

Con el título “Educación de la Crisis” se publicó en el blog de la Monjaguerrillera el siguiente texto que quiero reproducir “literalmente”, “totalmente” y espero que del mismo modo llegue a tu PC, para que tus ojos puedan leerlo, o bien, impreso logres tomarlo en tus manos y puedas finalizar su lectura sin caer desmayado por el golpe de su contenido.

Lo recomiendo puntualmente, como así también recomiendo todo el blog, ya que no abundan los textos profundos y que nos hagan reflexionar, salvo pocas excepciones que podrán ver en el listado de links de este humilde espacio.

Lo que sí suele abundar es el engendro espiritualoide de este tiempo corrompido que nada tiene que ver con el sencillo mensaje del evangelio, (por más que quienes lo predican se esfuercen por torcer las letras de Dios a su antojo para empujar el significado a su favor).

Un sencillo texto de la Monjaguerrillera entre tantos otros que algunos podrán buscar, leer, disfrutar en su blog mientras otros querrán criticar, gritar y retorcerse de dolor por la sencillez de su verdad sin dobleces.

Tal como esta hermana afirma, no necesita ninguna defensa (ni la desea, ni la solicita). Pero sería necio no compartir con aquellos a quienes dirijo mis escritos el caudal de alimento que este blog significa para las almas que, como el hijo pródigo, no son tenidas en cuenta por los hermanos que se consideran fieles al padre, los cuales, preferirían vernos morir entre los cerdos a vernos regresar para ser recibidos con todos los honores por el Dios de toda gracia.

Los dejo a solas con el texto:

¿Cómo das? A Javier, de mi indomable comunidad de fe, le gustaría tomar leche con chocolate y azúcar, como la toman los hijos de los que donan la leche. Y le gustaría que junto a la leche hubiera galletitas, y que su merienda no fuese un líquido que cae al estómago como un remedio. Ni como un salvataje a una necesidad urgente que sólo demora la muerte de los desnutridos.

Y a Javier no le gusta que le digan: confórmate con esa taza de leche rancia que te mezclan con agua. ¡Al fin de cuentas es más de lo que tenías antes! No te sientas normal, Javier, ni integrado en este mundo de personas, tómate esa leche para javieres que no tienen nada si no es por medio de la dádiva. Ten en cuenta, Javier, que esa leche debe alcanzar también para otros javieres que van al comedor de la iglesia. Hay que estirar lo donado, porque los bondadosos son escasos y son avarientos.

Hay javieres que en casa comen pan con manteca, tartas de fruta, helado, y hay otros javieres que reciben mercedes mezquinas, unturas que calman la llaga de la conciencia de algunos donantes.

Algunas de esas propinas lechosas son de empresarios la mayoría de las veces, que donan para tener. ¿Cómo donan para tener? Donan para tener en su reporte de hacienda (fiscalía impositiva) una planilla buchona que dice que han depositado dinero o especias a las entidades de “bien público” y que, por lo tanto, se le descuentan exigencias con el fisco, no se les pide informe de ganancias a un gran porcentaje de sus ingresos y les consigue publicidad caritativa. La peor de las publicidades, la perversa publicidad de la bondad fingida y la del generoso siniestro. El maldito medallero.

¿Cómo das? ¿Das lo que te gustaría tener, lo que te gustaría comer, lo que disfrutas en tu casa? ¿Cómo das? Insisto con la pregunta, discúlpame la rabia. ¿Das la misma calidad de lo que consumes? Se trataba de compartir lo que se tiene y no de expulsar de tu casa lo que te sobró sin consumir.

Perdona la ansiosa pregunta ¿Cómo das? ¿Das o emparchas? ¿Das entregando? ¿O das para que otros hagan malabares con tus paliativos dedicados a supervivientes?
(Supervivientes que te parece que nunca serán tú ni tus hijos)

Quisiera verte la cara cuando te pregunto cómo das. Ya que das ¿Cómo das? ¿Por qué das? ¿Para qué das? ¿Por quién das? ¿Hasta dónde das? ¿Quién te dijo que tenías que dar?
La respuesta que tengo en la mano a esta pregunta es:
-“¡Y sí doy, qué te importa cómo doy!”
Vale, por ahora ganas.
Pero necesitas un edukador (1) que te confronte con tus canalladas resueltas frente al espejo.

___________

(1) Sí, “Los Edukadores”, como los de esa película “Die fetten Jahre sind vorbei” (”Los años de abundancia han pasado”)
“Manche Menschen ändern sich nie” (algunas personas nunca cambian)

Proverbios 1:6

Para entender proverbio y declaración,
Palabras de sabios y sus dichos profundos.

Hasta este punto, Salomón destaca la utilidad que tendrán todos los textos que preceden a ésta introducción: Que quien se convierta en lector de los mismos alcance el grado de sabiduría necesario para apartarse de la sencillez y aprenda a aplicar todo su ser al conocimiento de las palabras de los sabios y de los dichos profundos.

Claramente, el deseo de Salomón es invitarnos a ingresar a un escalón un poco más alto en cuanto al entendimiento. Ahora bien… Este “escalón más alto” no es útil para sentirse más poderoso que el resto, sino que nos llena de responsabilidad con la que será nuestro deber aprovechar esa estatura para comunicar mejor aquellas cosas que antes nosotros mismos no comprendíamos.

Tal es el grado de sabiduría que debemos alcanzar. El de la sabiduría que nos permita desear que todos lleguen a alcanzarnos, para lo cual debemos doblar nuestros esfuerzos.

Si realmente somos sabios, lo lograremos. Si somos necios, permaneceremos felices de estar más alto que el resto en cuanto a conocimiento, desconociendo que tal actitud nos embrutece y entorpece hasta matarnos.

Esta clase de sabiduría nos lleva a una lucha constante por mantenernos en la altura alcanzada del conocimiento, mientras nos agachamos para no llamar groseramente la atención y perder la confianza de aquellos a los que debemos extenderles los brazos para que también se eleven.

Proverbios 1:5

Oirá el sabio, y aumentará el saber,
Y el entendido adquirirá consejo

El que oye la palabra es sabio y aumentará su saber y su conocimiento.

Y de entre los sabios, el entendido aprovechará dicha sabiduría para bendecir a otros que necesiten ser guiados.

Quizá podrá guiar a aquellos que están sedientos de salir de la ignorancia en que se saben presos, pero no comprenden de qué modo romper con las cadenas de la mentira con que se han envuelto durante años, como tampoco entienden de qué modo éstas los han enredado.

Hay gozo, hay paz, hay esperanza y vida en la genuina libertad que Jesús nos ofrece.

No nos esclavicemos a los viejos preceptos de la tradición y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.

Puestos los ojos en Aquel que nos amó cuando le éramos extraños.

Que Dios te bendiga  !!!

Lo que el mundo necesita es Gracia. (Sí… estoy leyendo a Philip Yancey)

Muchas iglesias que se jactan de ser espirituales, dejan afuera a muchos por sus costumbres, por su condición social, por su apariencia externa.

Cuántos estarían dispuestos en alguna de estas “grandes” iglesias a recibir con amor y respeto (estimando al recién llegado como superior a sí mismo) a una prostituta, por ejemplo. A un homosexual. A un asesino. A un violador.

¿Lo haría sabiendo quién es y lo que ha hecho?

La respuesta será (obviamente) SIIIIIIIIII !!!

Pero la verdadera respuesta. La que el Señor espera, está a las puertas de las congregaciones.

Muchas de estas mega-iglesias, para no escandalizar a los asistentes, en el caso de que llegue algún ser “visualmente desagradable” se lo envía por la puerta de atrás, se le enseña el camino de salvación, se le da una palmadita en la espalda y… ¡cuando se bañe y esté perfumadito vuelva!

El Señor no buscaba la comodidad ni las grandes sinagogas. Él entraba en la casa de cualquiera, bebía vino (sí !!! bebía vino!!!), conversaba con prostitutas y con ladrones. Por eso se lo juzgaba como “un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores” (Mateo 11:19).

Ellos preferían a un Jesús apartado de esa “lacra”, a la cual ellos, en su altísima santidad, jamás se acercaban.

Pero una cosa es el pecado y otra cosa el pecador.

Piensa en tí mismo, lector. Y déjame plantearte una cosa interesante:
Tú pecas en reiteradas ocasiones. (1ª Juan 1:8 dice: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros”).

Ahora bien, pides perdón y el Señor te cubre y te limpia.

Mientras no pides perdón estás en pecado. Quizá notas que has pecado luego de un tiempo, al ser alumbrado sobre algún aspecto que creías era la voluntad de Dios, y debes arrepentirte.

Mientras esto pasa, te alimentas, te higienizas, te vistes, te proteges…

Sabes que hay pecado en tí. Pero aún así te amas.

Aborreces ese pecado que hay en tí. Pero aún así, no tienes el más mínimo reparo en seguir alimentándote, visiténdote, protegiéndote.

¿Entiendes ahora la diferencia? Amas al pecador (que eres tú), pero aborreces el pecado que está en él (o sea en tí mismo).

Es un modo gráfico y sencillo de encontrar la forma de hacer lo mismo con el resto de los mortales que nos rodean. Con nuestro prójimo.

Mateo 22:39 dice: “Amarás a tu prójimo, como a tí mismo”.

O sea que deberás amar (alimentar, vestir y cuidar) a tu prójimo, aún cuando no lo consideres merecedor, del mismo modo que lo haces contigo mismo.

Que el Señor te bendiga !!!

Proverbios 1:4

Para dar sagacidad a los simples,
Y a los jóvenes inteligencia y cordura.

Cuánta falta nos harían estas tres cosas en nuestra sociedad actual: Sagacidad, Inteligencia y Cordura.

Los “simples” serían más sagaces y no serían atropellados como sucede en todos los ámbitos de diversas maneras. Pero… ¿quienes son los llamados “simples”?

En otras traducciones podemos leer el mismo texto del siguiente modo:

“para infundir sagacidad en los inexpertos, conocimiento y discreción en los jóvenes.”
(Biblia Al Día, e idéntica traducción en la Nueva Versión Internacional)

“para hacer sagaces a los jóvenes inexpertos, y darles conocimiento y reflexión.”
(Dios Habla Hoy).

“para enseñar a los simples la prudencia, a los jóvenes ciencia y reflexión,”
(Biblia de Jerusalén)

“para dar prudencia a los inexpertos, perspicacia y circunspección a los jóvenes.”
(Nácar-Colunga)

“para que dé a inocentes astucia, y a niño nuevo el sentir y el pensar.”
(Septuaginta)

Los simples son los “inexpertos” ó los “inocentes”.

Muchos en el mundo toman ventaja desde la posición de su experiencia y aprovechan las vidas de quienes no han alcanzado dicho conocimiento para someterlos (en cualquier grado de sometimiento) y ponerles a sus órdenes para cumplir con cualquier capricho. Los argumentos utilizados para alcanzar este vil objetivo, van desde el hombre de la bolsa, hasta el latiguillo (que tan espiritual suena): “Dios me dijo”.

Son inocentes. De los cuales sacar provecho a causa de su fragilidad de consciencia, propia de la inocencia, la inexperiencia, la “simpleza”.

Para los que creen que el Señor hará “la vista gorda”, viendo este gran parque de diversiones en que se han convertido muchas congregaciones de la actualidad… sepan que existe un Dios al que deberán dar cuenta por el mal uso de la autoridad que alguna vez confió el Señor en sus manos.

¿Acaso es imposible para un ministro ir “deslizándose” de la fe, para caer en errores que desconoce como tales? Hay un infierno entero que posee más sagacidad que él para demostrarle lo contrario, pues ya lo ha logrado. Y lo que es peor (muchísimo peor) es que sigue creyendo que todo lo que hace lo hace para Dios, y que Dios aprueba todo lo que hace.

Para los simples, los inocentes y los inexpertos, les dejo una sugerencia. Sigan buscando. Nunca dejen de buscar. Porque sucede algo extraño…

Cuando encontramos la verdad que está en Jesús, y comenzamos a comprender en parte los designios de Dios para nuestra vida y a experimentar Su presencia de un modo tan especial sobre todo lo que hacemos, tendemos a darle a esta experiencia una forma amoldada a nuestras necesidades y a confiar en que de ese modo Dios no se irá de nosotros.

No hay nada que podamos hacer para que Dios nos ame más, y nada de lo hagamos, por horrible que sea, nos hará que Dios nos ame menos. (Parafraseo algo que leí en el Blog de la Monjaguerrillera, en alguna oportunidad).

Lo que sí podemos hacer para mantenernos firmes y alerta, ante cualquier intento de ataque sobre nuestra simpleza es leer la Palabra de Dios, y buscar de todos modos una interpretación cierta y veraz de los inspirados escritos. No podemos caer en la suavidad de los mensajes que acarician nuestra autoestima con el único fin de ablandar nuestro bolsillo. Como tampoco podemos entrar en los mensajes que nos decapitan por el sólo hecho de haber intentado utilizar el intelecto que Dios nos ha provisto.

Leamos la Palabra de Dios y pidamos en oración a Dios que Él mismo nos enseñe aquello que desea que aprendamos.

Proverbios 1:3

Para recibir el consejo de prudencia,
Justicia, juicio y equidad;

Si algo tiene de complejo este mundo es el equilibrio de la justicia (con minúscula).

Esto quizá se deba a que la misma es ejercida por hombres: unos la convierten en una actividad lucrativa, y otros, anhelan realmente ser justos y hacen lo que mejor pueden (o al menos eso creen).

Si hablamos de la otra Justicia (la que es con mayúsculas, la Justicia del mejor Juez del universo y alrededores) nos encontramos con ese parámetro que muy difícilmente logre alcanzar ser humano alguno en la tierra.

Cuando Dios juzgue a los hombres, Sus juicios serán absolutamente justos. No existirá la más mínima duda de la perfecta equidad en Su sentencia sobre nuestros actos (buenos o malos), ni excusa alguna que pueda ser planteada.

No tendremos derecho a defensor alguno, ni existirá cosa vulgar alguna como la apelación, ni se podrá elevar un pedido de anulación del juicio por ningún motivo.

No estará el hombre delante de Dios para defenderse, sino para oir y acatar la sentencia.

Lo importante es saber que el Único salvoconducto existente, a través del cual podremos evitar una condenación segura por nuestro pésimo comportamiento diario, es la figura del sustituto. Aquel que ya sufrió el castigo que merecíamos, ocupando nuestro lugar en la sentencia y sufriendo gratuitamente, por amor, nuestra condena.

Su Nombre es Jesús. Que es el Nombre sobre todo nombre que se nombra debajo del cielo (sí! aquí también!).

Este grado de Justicia es parte del inmenso amor de Dios sobre sus criaturas. Por lo tanto debemos esforzarnos por conocer a fondo los detalles de dicha sustitución, para conocer sus alcances y beneficios.

El beneficio consiste en alcanzar la paz que viene a nuestras vidas cuando nos sabemos perdonados por el Autor de la vida.

¡El alcance de dicho perdón es inmenso! Ya que habiendo Jesús pagado con su vida, hace 2.000 años (mucho antes de que nosotros hubiésemos nacido), tenemos la oportunidad de tener fe en esa sustitución (confiar que también a nosotros nos sustituyó al ser condenado a muerte en lugar nuestro) e ingresar en el período de la Gracia de Dios.

Esta Gracia de Dios es, precisamente, lo más parecido a un indulto. No es que no hayamos sido culpables. No es porque hemos tenido buena conducta y somos premiados por eso con la excarcelación. Aún somos seres carnales y sujetos a pasiones, pero hemos recibido un indulto. Un perdón NO MERECIDO.

Somos pecadores perdonados. No por mérito propio (¡de ninguna manera!), sino por mérito de Jesús y por un amor que sobrepasa el entendimiento lógico de cualquier hombre o mujer. Aún aquellos que han sido reconocidos por una mente brillante y se les ha considerado “genios”, no podrían alcanzar a comprender mediante argumentos lógicos el grado del amor de Dios. Ni aún la imaginación más desarrollada lograría alcanzar tal punto de comprensión de una Gracia tan poco merecida y a la vez tan ampliamente abarcativa.

Para eso es necesaria la sabiduría: “Para recibir consejo de prudencia, justicia, juicio y equidad”, y comprender que si recibimos estas cosas, ha sido sólo por mérito Divino.

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