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Proverbios 1:4

Para dar sagacidad a los simples,
Y a los jóvenes inteligencia y cordura.

Cuánta falta nos harían estas tres cosas en nuestra sociedad actual: Sagacidad, Inteligencia y Cordura.

Los “simples” serían más sagaces y no serían atropellados como sucede en todos los ámbitos de diversas maneras. Pero… ¿quienes son los llamados “simples”?

En otras traducciones podemos leer el mismo texto del siguiente modo:

“para infundir sagacidad en los inexpertos, conocimiento y discreción en los jóvenes.”
(Biblia Al Día, e idéntica traducción en la Nueva Versión Internacional)

“para hacer sagaces a los jóvenes inexpertos, y darles conocimiento y reflexión.”
(Dios Habla Hoy).

“para enseñar a los simples la prudencia, a los jóvenes ciencia y reflexión,”
(Biblia de Jerusalén)

“para dar prudencia a los inexpertos, perspicacia y circunspección a los jóvenes.”
(Nácar-Colunga)

“para que dé a inocentes astucia, y a niño nuevo el sentir y el pensar.”
(Septuaginta)

Los simples son los “inexpertos” ó los “inocentes”.

Muchos en el mundo toman ventaja desde la posición de su experiencia y aprovechan las vidas de quienes no han alcanzado dicho conocimiento para someterlos (en cualquier grado de sometimiento) y ponerles a sus órdenes para cumplir con cualquier capricho. Los argumentos utilizados para alcanzar este vil objetivo, van desde el hombre de la bolsa, hasta el latiguillo (que tan espiritual suena): “Dios me dijo”.

Son inocentes. De los cuales sacar provecho a causa de su fragilidad de consciencia, propia de la inocencia, la inexperiencia, la “simpleza”.

Para los que creen que el Señor hará “la vista gorda”, viendo este gran parque de diversiones en que se han convertido muchas congregaciones de la actualidad… sepan que existe un Dios al que deberán dar cuenta por el mal uso de la autoridad que alguna vez confió el Señor en sus manos.

¿Acaso es imposible para un ministro ir “deslizándose” de la fe, para caer en errores que desconoce como tales? Hay un infierno entero que posee más sagacidad que él para demostrarle lo contrario, pues ya lo ha logrado. Y lo que es peor (muchísimo peor) es que sigue creyendo que todo lo que hace lo hace para Dios, y que Dios aprueba todo lo que hace.

Para los simples, los inocentes y los inexpertos, les dejo una sugerencia. Sigan buscando. Nunca dejen de buscar. Porque sucede algo extraño…

Cuando encontramos la verdad que está en Jesús, y comenzamos a comprender en parte los designios de Dios para nuestra vida y a experimentar Su presencia de un modo tan especial sobre todo lo que hacemos, tendemos a darle a esta experiencia una forma amoldada a nuestras necesidades y a confiar en que de ese modo Dios no se irá de nosotros.

No hay nada que podamos hacer para que Dios nos ame más, y nada de lo hagamos, por horrible que sea, nos hará que Dios nos ame menos. (Parafraseo algo que leí en el Blog de la Monjaguerrillera, en alguna oportunidad).

Lo que sí podemos hacer para mantenernos firmes y alerta, ante cualquier intento de ataque sobre nuestra simpleza es leer la Palabra de Dios, y buscar de todos modos una interpretación cierta y veraz de los inspirados escritos. No podemos caer en la suavidad de los mensajes que acarician nuestra autoestima con el único fin de ablandar nuestro bolsillo. Como tampoco podemos entrar en los mensajes que nos decapitan por el sólo hecho de haber intentado utilizar el intelecto que Dios nos ha provisto.

Leamos la Palabra de Dios y pidamos en oración a Dios que Él mismo nos enseñe aquello que desea que aprendamos.

Proverbios 1:3

Para recibir el consejo de prudencia,
Justicia, juicio y equidad;

Si algo tiene de complejo este mundo es el equilibrio de la justicia (con minúscula).

Esto quizá se deba a que la misma es ejercida por hombres: unos la convierten en una actividad lucrativa, y otros, anhelan realmente ser justos y hacen lo que mejor pueden (o al menos eso creen).

Si hablamos de la otra Justicia (la que es con mayúsculas, la Justicia del mejor Juez del universo y alrededores) nos encontramos con ese parámetro que muy difícilmente logre alcanzar ser humano alguno en la tierra.

Cuando Dios juzgue a los hombres, Sus juicios serán absolutamente justos. No existirá la más mínima duda de la perfecta equidad en Su sentencia sobre nuestros actos (buenos o malos), ni excusa alguna que pueda ser planteada.

No tendremos derecho a defensor alguno, ni existirá cosa vulgar alguna como la apelación, ni se podrá elevar un pedido de anulación del juicio por ningún motivo.

No estará el hombre delante de Dios para defenderse, sino para oir y acatar la sentencia.

Lo importante es saber que el Único salvoconducto existente, a través del cual podremos evitar una condenación segura por nuestro pésimo comportamiento diario, es la figura del sustituto. Aquel que ya sufrió el castigo que merecíamos, ocupando nuestro lugar en la sentencia y sufriendo gratuitamente, por amor, nuestra condena.

Su Nombre es Jesús. Que es el Nombre sobre todo nombre que se nombra debajo del cielo (sí! aquí también!).

Este grado de Justicia es parte del inmenso amor de Dios sobre sus criaturas. Por lo tanto debemos esforzarnos por conocer a fondo los detalles de dicha sustitución, para conocer sus alcances y beneficios.

El beneficio consiste en alcanzar la paz que viene a nuestras vidas cuando nos sabemos perdonados por el Autor de la vida.

¡El alcance de dicho perdón es inmenso! Ya que habiendo Jesús pagado con su vida, hace 2.000 años (mucho antes de que nosotros hubiésemos nacido), tenemos la oportunidad de tener fe en esa sustitución (confiar que también a nosotros nos sustituyó al ser condenado a muerte en lugar nuestro) e ingresar en el período de la Gracia de Dios.

Esta Gracia de Dios es, precisamente, lo más parecido a un indulto. No es que no hayamos sido culpables. No es porque hemos tenido buena conducta y somos premiados por eso con la excarcelación. Aún somos seres carnales y sujetos a pasiones, pero hemos recibido un indulto. Un perdón NO MERECIDO.

Somos pecadores perdonados. No por mérito propio (¡de ninguna manera!), sino por mérito de Jesús y por un amor que sobrepasa el entendimiento lógico de cualquier hombre o mujer. Aún aquellos que han sido reconocidos por una mente brillante y se les ha considerado “genios”, no podrían alcanzar a comprender mediante argumentos lógicos el grado del amor de Dios. Ni aún la imaginación más desarrollada lograría alcanzar tal punto de comprensión de una Gracia tan poco merecida y a la vez tan ampliamente abarcativa.

Para eso es necesaria la sabiduría: “Para recibir consejo de prudencia, justicia, juicio y equidad”, y comprender que si recibimos estas cosas, ha sido sólo por mérito Divino.

Proverbios 1:2

“Para entender sabiduría y doctrina, para conocer razones prudentes”
Proverbios 1:2

La finalidad de los proverbios escritos por el rey Salomón, está descrita en los versículos que siguen al primero.

En este primer párrafo (el versículo 2) Salomón nos da una pista sobre su motivación:

Que quienes lean estos proverbios, alcancen un grado mínimo de comprensión sobre la sabiduría y la doctrina.

Una de las cosas que pretende es que el lector de estos escritos “conozca razones prudentes”, entre otras que leeremos en versículos posteriores.

No he sido yo quien ha divido en versículos y capítulos los antiguos escritos.

Sé que los textos leídos “de corrido” sin las interrupciones propias de estas divisiones no inspiradas nos dan una mayor claridad sobre el mensaje que se intentó dar en un primer momento.

Cierta vez, leí un nuevo testamento cuyos número de versículo se encontraban a lo largo del texto, sin cambiar de renglón (retorno de carro) en cada número de versículo, sino sólo cuando el texto original cambiaba de tema.

Fue enriquecedor olvidar por un momento esas divisiones que, de modo inconsciente, forman una idea de pequeños bloqueos a lo largo de un texto que jamás tuvo la intención de mostrarse interrumpido a mitad de una frase.

Es lógico leer con cierto orden, pero cuando ese orden se nos impone externamente, sin intenciones del autor, pueden existir errores interpretativos.

Muchas veces una exposición sobre determinado mensaje se suspende en un versículo determinado, cuando restan dos versículos para terminar un capítulo, y dos capítulos para terminar el libro o carta de donde ha salido el texto utilizado para ese mensaje.

Lo cual nos hace pensar que: 1) el mensaje está siendo manipulado para llevar a la audiencia a un punto determinado, o bien, 2) es importante evitar el resto del texto pues arruinaría el mensaje, el cual, con el texto completo, carecería de sentido.

La sabiduría sirve para pensar y para hacerlo tal como a Dios le gusta que pensemos.

Por lo tanto, en este “¿estudio?” pienso seguir utilizando el orden de los versículos por un motivo tan caprichoso como aquel por el cual existen, pero intentando guardar el contenido del mensaje de los precedentes y los próximos a ser presentados.

Tenemos libertad en Cristo para leer, comprender e interpretar los escritos que nos ha dejado el Señor.

Ahora bien, esta libertad puede ser utilizada con negligencia o necedad, en lugar de hacerlo con auténtica sabiduría, con lo cual, estaríamos utilizando la libertad que Dios nos ha dado para condenarnos en lugar de utilizarla para ayudar a otros a conocerla y compartirla.

Este segundo propósito es el que deseo llevar adelante.

Que Dios les bendiga.

Proverbios 1:1


“Los proverbios de Salomón hijo de David, rey de Israel”
Libro de los Proverbio, capítulo 1, versículo 1.

Salomón fue rey de Israel y Dios lo amó.

¿Cuántos líderes cristianos permitirían que tome las riendas de su ministerio un hijo de origen tan oscuro?

“David consoló a Betsabé, su mujer, se llegó a ella y durmió con ella. Ella le dio a luz un hijo y le puso por nombre Salomón. Jehová lo amó”
2º libro de Samuel, capítulo 12, versículo 24.

Para que Salomón naciera, David pasó por un adulterio y varios asesinatos.

Así de sencillo.

Se enamoró de Betsabé cuando la vio desnuda mientras se bañaba y la deseó. La mandó llamar y adulteró con ella.

Al ver que no podía convencer a Urías (esposo de Betsabé) de que pasara la noche junto a su esposa, con el único fin de evitar que se conociera su adulterio, le invitó a quedarse con él para que bebiera hasta embriagarse, pero ni aún así Urías se acostó con su mujer.

Entonces optó por mandarle una nota a Joab (general del ejército de Israel) con una orden expresa para que llevaran a Urías al sector más crudo de la batalla y se apartaran de él para que sea herido y muera.

En el episodio murieron también algunos otros hombres de Israel por la imprudencia de acercarse demasiado a los muros de la ciudad enemiga.

David, al enterarse -por medio de un mensajero que le envió Joab- que había muerto Urías junto a otros hombres, restó importancia a esas muertes que consideró propias de un combate -lo que hoy se denomina “daño colateral”- y se sintió aliviado de haber quitado de su vida un problema con otro aún peor.

Posteriormente, el Señor utilizó un castigo ejemplar. El hijo que tuvo Betsabé de ESA relación murió, aunque David se arrepintió de lo que hizo y rogó por la vida de ese niño.

También Dios le dio una profecía a futuro que decía:

Así ha dicho Jehová: “Yo haré que de tu misma casa se alce el mal contra ti. Tomaré a tus mujeres delante de tus ojos y las entregaré a tu prójimo, el cual se acostará con ellas a la luz del sol. Porque tú lo hiciste en secreto; pero yo haré esto delante de todo Israel y a pleno sol.”
2º libro de Samuel, capítulo 12, versículos 11 y 12.

Esta profecía se cumplió tiempo después con su hijo Absalón (busquen y lean la historia en 2ª Samuel 16:21-22).

Por lo tanto…

El hijo que tuvo luego con Betsabé, llamado Salomón, fue amado por el Señor. ¡Pero qué gran costo para traer esa vida al mundo!

Dios le dio una sabiduría que lo convirtió en un rey equilibrado y justo.

De los mensajes volcados en este libro estaremos hablando en esta serie.

Espero que puedan ser bendecidos por el Señor al leer estos textos y alcancen la sabiduría.

El mal de Dios.

¡Qué título interesante! ¿El Mal de Dios?

¿Es una contradicción más de la biblia? ¡No! ¡Para nada! Sólo que existe y es real. Y cuando en ocasiones nos toca experimentar “lo malo”, el Señor se encuentra con nuestra negativa a aceptarlo y agradecerlo con la misma intensidad con que agradecemos lo bueno.

“¡Es que somos hijos del Rey! ¿Cómo toleraremos esta enfermedad?”, nos decimos.

“¿Qué dirán nuestros hermanos?”, seguramente dirán que no tenemos fe.

“¿Y qué si se enteran de que no tenemos dinero para comprar un automóvil?”, seguramente dirán que “el Señor no nos ha prosperado” por no dar una ofrenda o un diezmo, por tener algún pecado oculto, etc. etc. etc.

Quiero compartir una pregunta de Job:

“¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?” Job 2:10b

Job había alcanzado grandes riquezas en esta tierra y era conocido como el “varón más grande que todos los orientales” (Job 1:3).

Su secreto: Vivía bajo el temor del Señor.

Ahora bien. Las prédicas livianas y positivistas de nuestra época actual, invitan a que dispongamos nuestro corazón a alcanzar exactamente ese nivel de éxito. Con sólo un 2% menos que lo que Job había recibido, nuestra vida pasa a ser un fracaso digno de ser condenado (a los ojos del resto, claro).

No se nos prepara para las muertes familiares, para los duelos, para los lutos, para las largas agonías, para las prolongadísimas enfermedades con sus días de internación que la obra social no desea pagar, con esas “complicaciones” que sufren nuestros parientes en medio de una operación -que se anunciaba como sencilla pero se convierte en un calvario- y en donde las palabras del médico “Es necesario cortar…” nos caen como una bomba atómica para nuestra “fe en que se iba a sanar” que teníamos hasta hace 10 segundos, etc. etc. etc.

No, hermanos. Se nos predica, enseña, exhorta, alienta, a que creamos que el Señor es un festival multicolor las 24 horas y que jamás seremos alcanzados por dardo alguno del enemigo de nuestras almas.

Job tenía razones para estar perplejo ante lo que experimentaba. Por gracia del Señor, ¡no tuvo que soportar él la “guía” de pastor o líder alguno! Aunque era un hombre temeroso de Dios que se preocupaba realmente por el bienestar de su familia y ofrecía sacrificios a Dios por temor a que alguno de sus parientes hubiera mostrado algún signo de rebeldía contra el Señor.

Job sufrió el despojo de sus bienes, la muerte de sus familiares, la pérdida de toda su salud, y la desconfianza de su propia compañera, que le pidió que maldijera a Dios ¡y se muriera!

Tan mal enseñados estamos que si sólo se nos volara la corbata, irrumpiríamos en un palabroterío interminable para justificar que nos encontramos frente a un ataque del mismo infierno sobre nuestras vidas!

No estamos enseñados para recibir lo malo de Dios.

Para aprenderlo, sólo nos queda un camino. Experimentarlo…

Cuando lo hacemos, la burbuja se quiebra, nuestros ojos se abren y comprendemos que la libertad que tenemos en Cristo puede vencer a la misma muerte, y si permite que seamos vencidos por ella, podemos estar seguros que es porque ya no hacemos falta en este suelo.

Que el Señor te bendiga !

Raimundo

Concerto Grosso alla Rustica

Otra excelente producción de los “Les Luthiers”

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El libro “El León, la bruja y el guardarropas” fue el primero en escribirse (según el orden que le dio el autor y que respetó Disney).

En este libro, que según mis cálculos está quinto entre los siete que componen toda la historia, es en donde comienza todo.

En realidad, Clive Staples Lewis hace uso de una imaginación realmente notoria, creando aquellos “pozos” que hacen de comunicantes entre diversos mundos.

He tenido que releer unas tres veces este libro (y volvería a hacerlo) para comprender bien lo que el autor plantea.

En una parte del libro se habla de un árbol, a partir del cual se construiría posteriormente el “guardarropas” del primer libro.

Ahora bien.

El mensaje final de la serie de libros (casi en las últimas páginas del último libro), es triste pero esperanzador.

Ese final, me ha sacudido mucho más que la lectura de los siete libros en su totalidad.

Lo más llamativo es que sólo logré interpretarlo correctamente cuando mi hija me mostró lo que decía C. S. Lewis.

Hasta ese momento, había leído el libro como un adulto interesado en la saga desde el punto de vista literario de la fantasía.

A partir del comentario de mi hija, (que alumbró mis ojos con su inocente reflexión) comprendí el significado vital de dichos libros y logré, una vez más y gracias a la providencia divina, convertirme en niño… Entonces comencé otra vez a leerlos todos desde el primero.

No quisiera adelantarle de qué se trata, para que tengan la oportunidad de disfrutar de una excelente lectura tanto para chicos como para grandes.

Si han tenido la posibilidad de leer los libros, espero sus comentarios y sobre todo sus consultas por mail (búsquenlo a la derecha de la página en “Contáctame”) para que me digan qué han comprendido del último capítulo de la saga y en caso de que no lo hayan descubierto, poder llevarlos a una sencilla pero preciosa revelación que les dará mayor apetito por la lectura.

Que el Señor les bendiga !!!

Raimundo Baravaglio

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