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A qué le llamamos FRUTO?

Es interesante lo bien que los hombres logramos cambiar el significado de las palabras de Jesús.

Una de las definiciones de “fruto” es: Producto de las plantas, que, aparte de la utilidad que puede tener, sirve para desarrollar y proteger la semilla.

Como cristianos, si permanecemos en Él, damos fruto. Es una consecuencia lógica.

No se trata de ser el que más recauda, o el que más convence, o el que llena estadios, ni se trata de que todos sepan quienes somos y qué hacemos para Dios.

Jesús enseñó todo lo contrario. “No sepa tu mano lo que hace la otra”, “tu padre que ve en lo secreto te recompensará en público”.

Somos orgullosos por naturaleza. Deseamos ser vistos. Nos encanta que otros mencionen las “grandes cosas” que hemos hecho en el nombre del Señor.

¿Acaso no será esa la recompensa? ¿Quedará en la eternidad alguna otra recompensa para quien se “cobra” reconocimientos en la tierra? Sólo me lo pregunto. Pues tal pareciera que existe una necesidad de mostrarse que ya no tiene topes. Por lo tanto vemos tantas opciones “renovadoras” que lo único que poseen de renovador es que han cambiado el nombre.

Se evita mencionar la palabra “pastor” pero abundan los “obispos”, “profetas”, y hasta “apóstoles”.

Sin juzgar este despliegue de “nuevos” ministerios me pregunto… ¿no existe poder en el Señor para que se deba recurrir a estrategias de marketing a fin de atraer a las vidas al camino? ¿En dónde habrán quedado los válidos apetitos por un avivamiento genuino del Espíritu Santo, en lugar de fingirlos mediante esfuerzos psicológicos que nada tienen que ver con el poder de Dios?

¿Aprenderemos algo de todo esto?

Ciertamente algunos estamos aprendiendo bastante. Lamentablemente seremos comprendidos en el futuro (si llega) cuando otros miren su pasado, que se corresponde con nuestro presente, y digan: “Vean las torpezas en que han caído estos hermanos”.

Ya no se busca encontrar el camino que Dios desea que transitemos, sino que se buscan resultados… “Frutos” según el nuevo diccionario evangélico, en donde todo cambia… menos Jesucristo, que permanece para siempre y nos desea fieles, no ingenuos.

Que el Señor les bendiga !!!


Es la “voluntad de Dios” ?

Muchas veces nos preguntamos si algo es o no la voluntad de Dios.

Con frecuencia los cristianos hemos sido enseñados a preguntarnos ante cualquier decisión si es la voluntad de Dios alguna de las opciones que se nos presentan.

Muchas veces juzgamos un hecho histórico como diabólico o, al menos, ajeno a los planes de Dios. Tal es el caso de la persecución que sobrevino a los creyentes de Cristo que estaban en Jerusalén.

La explicación a tal suceso (vista con la óptica de nuestra realidad y posición histórica actuales)  es que Dios quería que los creyentes se extendieran y que mediante su predicación el evangelio alcanzara también a los “gentiles” (o sea, al pueblo no judío).

Ciertamente Dios no desea el mal de los hombres, pero tampoco cuenta con herramientas más persuasivas que el conflicto para llevar a Su iglesia hacia donde desea que se mueva.

En aquella oportunidad, los cristianos estaban cómodos en Jerusalén y sus alrededores.

¿Por qué arriesgar dicha comodidad para ir a buscar problemas a otras zonas?

Dios debió intervenir…

Posteriormente existieron sucesos terribles en la historia (venta de indulgencias, libertinaje disfrazado de religiosidad, inquisición y diversas persecuciones) que llevaron a la iglesia a grandes cambios. Realidades necesarias para que el cambio se produzca y encamine a la Iglesia de Cristo hacia el correcto horizonte.

Hablar de que los inquisidores fueron (de algún modo) instrumentos de Dios para encausar dichos cambios y pensar que Dios planeó en cada tortura, sufrimiento y muerte, pondría a Dios en un estado de culpabilidad con respecto a las libertades de las víctimas, y también arrojaría dudas sobre el verdadero “libre albedrío” de los humanos del cual tanto se ha hablado.

¿Qué hacía Dios entonces? En medio del caos provocado por la misma desobediencia y designios de hombres despreciables, Dios hablaba a los suyos sobre qué dirección tomar en la batalla y mediante las oraciones de Sus santos seguidores aconsejaba al oído de aquellos para que cesen con su loca venganza. De más está decir que muchos desoyeron a Dios.

Pastor:

Dios entregó en tus manos un rebaño para alimentar y apacentar. (Si no crees que Dios lo ha puesto en tus manos, harás menos mal en abandonar a las ovejas en lugar de seguir alimentándolas con tu incertidumbre sobre el llamado) . ¿Has sido llamado por Dios a trabajar con vidas a tu cargo? ¿Estás seguro de ello? ¡Debes estarlo! Y si no lo estás sincérate con Dios y pregúntale. Pide consejo a un grupo de hermanos y busquen en oración al Señor hasta que no queden dudas.

Ahora bien. Si has sido llamado. Debes regresar a los primeros pasos y enfrentarte con cualquier sentimiento de poder, de suficiencia, de autoridad carnal por sobre las vidas que están bajo tu mano. Eres un administrador de la gracia. No pretendas adueñarte ni de las ovejas, ni del ministerio, ni del espacio físico que ocupas. Si así lo haces, perderás todo lo que has hecho hasta ahora. ¡Examínate hermano!

¿Haces la obra de Dios? Mira tus motivaciones y permite que la palabra del Señor las pueda alumbrar:

¿Lo haces porque te gusta que valoren lo que haces?
¿Lo haces porque deseas experimentar un éxito numérico para deslumbrar a otros con tus logros?
¿Lo haces por tu familia?
¿Lo haces por amor al prójimo?
¿Lo haces por amor al Señor?

Te confieso que la última es la acertada y sólo puede ir unida a la anterior:
Amor a Dios y al prójimo.

Volviendo al título de este mensaje…

¿Crees que Adolfo Hitler no sentía realmente que lo que hacía era heroico, justo y necesario?
¿Crees que los inquisidores no disfrutaban al ver arder a las mujeres inocentes acusadas de brujería mientras confiaban en que hacían su mejor esfuerzo por agradar a Dios?

Ministro: Deberías examinar seriamente delante del Señor tus pasos. Ya que al estar al frente de otros eres ejemplo. Para lo bueno y también para lo malo.

No sea que la luz que en ti hay sea tinieblas…

La luz alumbra.

No es necesario blandir el foco de la luz desde la punta de un palo y gritar o cantar por horas para que se encienda. Simplemente alumbra. Es su naturaleza alumbrar.

Que nuestras vidas alumbren es parte de nuestro andar diario con el Señor. Y nuestra única responsabilidad en este mundo es alumbrar.

El Señor te bendiga, y te guarde; el Señor haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; el Señor alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz.
Números 6:24-26


¿Cómo das?

Con el título “Educación de la Crisis” se publicó en el blog de la Monjaguerrillera el siguiente texto que quiero reproducir “literalmente”, “totalmente” y espero que del mismo modo llegue a tu PC, para que tus ojos puedan leerlo, o bien, impreso logres tomarlo en tus manos y puedas finalizar su lectura sin caer desmayado por el golpe de su contenido.

Lo recomiendo puntualmente, como así también recomiendo todo el blog, ya que no abundan los textos profundos y que nos hagan reflexionar, salvo pocas excepciones que podrán ver en el listado de links de este humilde espacio.

Lo que sí suele abundar es el engendro espiritualoide de este tiempo corrompido que nada tiene que ver con el sencillo mensaje del evangelio, (por más que quienes lo predican se esfuercen por torcer las letras de Dios a su antojo para empujar el significado a su favor).

Un sencillo texto de la Monjaguerrillera entre tantos otros que algunos podrán buscar, leer, disfrutar en su blog mientras otros querrán criticar, gritar y retorcerse de dolor por la sencillez de su verdad sin dobleces.

Tal como esta hermana afirma, no necesita ninguna defensa (ni la desea, ni la solicita). Pero sería necio no compartir con aquellos a quienes dirijo mis escritos el caudal de alimento que este blog significa para las almas que, como el hijo pródigo, no son tenidas en cuenta por los hermanos que se consideran fieles al padre, los cuales, preferirían vernos morir entre los cerdos a vernos regresar para ser recibidos con todos los honores por el Dios de toda gracia.

Los dejo a solas con el texto:

¿Cómo das? A Javier, de mi indomable comunidad de fe, le gustaría tomar leche con chocolate y azúcar, como la toman los hijos de los que donan la leche. Y le gustaría que junto a la leche hubiera galletitas, y que su merienda no fuese un líquido que cae al estómago como un remedio. Ni como un salvataje a una necesidad urgente que sólo demora la muerte de los desnutridos.

Y a Javier no le gusta que le digan: confórmate con esa taza de leche rancia que te mezclan con agua. ¡Al fin de cuentas es más de lo que tenías antes! No te sientas normal, Javier, ni integrado en este mundo de personas, tómate esa leche para javieres que no tienen nada si no es por medio de la dádiva. Ten en cuenta, Javier, que esa leche debe alcanzar también para otros javieres que van al comedor de la iglesia. Hay que estirar lo donado, porque los bondadosos son escasos y son avarientos.

Hay javieres que en casa comen pan con manteca, tartas de fruta, helado, y hay otros javieres que reciben mercedes mezquinas, unturas que calman la llaga de la conciencia de algunos donantes.

Algunas de esas propinas lechosas son de empresarios la mayoría de las veces, que donan para tener. ¿Cómo donan para tener? Donan para tener en su reporte de hacienda (fiscalía impositiva) una planilla buchona que dice que han depositado dinero o especias a las entidades de “bien público” y que, por lo tanto, se le descuentan exigencias con el fisco, no se les pide informe de ganancias a un gran porcentaje de sus ingresos y les consigue publicidad caritativa. La peor de las publicidades, la perversa publicidad de la bondad fingida y la del generoso siniestro. El maldito medallero.

¿Cómo das? ¿Das lo que te gustaría tener, lo que te gustaría comer, lo que disfrutas en tu casa? ¿Cómo das? Insisto con la pregunta, discúlpame la rabia. ¿Das la misma calidad de lo que consumes? Se trataba de compartir lo que se tiene y no de expulsar de tu casa lo que te sobró sin consumir.

Perdona la ansiosa pregunta ¿Cómo das? ¿Das o emparchas? ¿Das entregando? ¿O das para que otros hagan malabares con tus paliativos dedicados a supervivientes?
(Supervivientes que te parece que nunca serán tú ni tus hijos)

Quisiera verte la cara cuando te pregunto cómo das. Ya que das ¿Cómo das? ¿Por qué das? ¿Para qué das? ¿Por quién das? ¿Hasta dónde das? ¿Quién te dijo que tenías que dar?
La respuesta que tengo en la mano a esta pregunta es:
-“¡Y sí doy, qué te importa cómo doy!”
Vale, por ahora ganas.
Pero necesitas un edukador (1) que te confronte con tus canalladas resueltas frente al espejo.

___________

(1) Sí, “Los Edukadores”, como los de esa película “Die fetten Jahre sind vorbei” (”Los años de abundancia han pasado”)
“Manche Menschen ändern sich nie” (algunas personas nunca cambian)


Amando al pecador y aborreciendo al pecado

Lo que el mundo necesita es Gracia. (Sí… estoy leyendo a Philip Yancey)

Muchas iglesias que se jactan de ser espirituales, dejan afuera a muchos por sus costumbres, por su condición social, por su apariencia externa.

Cuántos estarían dispuestos en alguna de estas “grandes” iglesias a recibir con amor y respeto (estimando al recién llegado como superior a sí mismo) a una prostituta, por ejemplo. A un homosexual. A un asesino. A un violador.

¿Lo haría sabiendo quién es y lo que ha hecho?

La respuesta será (obviamente) SIIIIIIIIII !!!

Pero la verdadera respuesta. La que el Señor espera, está a las puertas de las congregaciones.

Muchas de estas mega-iglesias, para no escandalizar a los asistentes, en el caso de que llegue algún ser “visualmente desagradable” se lo envía por la puerta de atrás, se le enseña el camino de salvación, se le da una palmadita en la espalda y… ¡cuando se bañe y esté perfumadito vuelva!

El Señor no buscaba la comodidad ni las grandes sinagogas. Él entraba en la casa de cualquiera, bebía vino (sí !!! bebía vino!!!), conversaba con prostitutas y con ladrones. Por eso se lo juzgaba como “un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores” (Mateo 11:19).

Ellos preferían a un Jesús apartado de esa “lacra”, a la cual ellos, en su altísima santidad, jamás se acercaban.

Pero una cosa es el pecado y otra cosa el pecador.

Piensa en tí mismo, lector. Y déjame plantearte una cosa interesante:
Tú pecas en reiteradas ocasiones. (1ª Juan 1:8 dice: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros”).

Ahora bien, pides perdón y el Señor te cubre y te limpia.

Mientras no pides perdón estás en pecado. Quizá notas que has pecado luego de un tiempo, al ser alumbrado sobre algún aspecto que creías era la voluntad de Dios, y debes arrepentirte.

Mientras esto pasa, te alimentas, te higienizas, te vistes, te proteges…

Sabes que hay pecado en tí. Pero aún así te amas.

Aborreces ese pecado que hay en tí. Pero aún así, no tienes el más mínimo reparo en seguir alimentándote, visiténdote, protegiéndote.

¿Entiendes ahora la diferencia? Amas al pecador (que eres tú), pero aborreces el pecado que está en él (o sea en tí mismo).

Es un modo gráfico y sencillo de encontrar la forma de hacer lo mismo con el resto de los mortales que nos rodean. Con nuestro prójimo.

Mateo 22:39 dice: “Amarás a tu prójimo, como a tí mismo”.

O sea que deberás amar (alimentar, vestir y cuidar) a tu prójimo, aún cuando no lo consideres merecedor, del mismo modo que lo haces contigo mismo.

Que el Señor te bendiga !!!


El mal de Dios.

¡Qué título interesante! ¿El Mal de Dios?

¿Es una contradicción más de la biblia? ¡No! ¡Para nada! Sólo que existe y es real. Y cuando en ocasiones nos toca experimentar “lo malo”, el Señor se encuentra con nuestra negativa a aceptarlo y agradecerlo con la misma intensidad con que agradecemos lo bueno.

“¡Es que somos hijos del Rey! ¿Cómo toleraremos esta enfermedad?”, nos decimos.

“¿Qué dirán nuestros hermanos?”, seguramente dirán que no tenemos fe.

“¿Y qué si se enteran de que no tenemos dinero para comprar un automóvil?”, seguramente dirán que “el Señor no nos ha prosperado” por no dar una ofrenda o un diezmo, por tener algún pecado oculto, etc. etc. etc.

Quiero compartir una pregunta de Job:

“¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?” Job 2:10b

Job había alcanzado grandes riquezas en esta tierra y era conocido como el “varón más grande que todos los orientales” (Job 1:3).

Su secreto: Vivía bajo el temor del Señor.

Ahora bien. Las prédicas livianas y positivistas de nuestra época actual, invitan a que dispongamos nuestro corazón a alcanzar exactamente ese nivel de éxito. Con sólo un 2% menos que lo que Job había recibido, nuestra vida pasa a ser un fracaso digno de ser condenado (a los ojos del resto, claro).

No se nos prepara para las muertes familiares, para los duelos, para los lutos, para las largas agonías, para las prolongadísimas enfermedades con sus días de internación que la obra social no desea pagar, con esas “complicaciones” que sufren nuestros parientes en medio de una operación -que se anunciaba como sencilla pero se convierte en un calvario- y en donde las palabras del médico “Es necesario cortar…” nos caen como una bomba atómica para nuestra “fe en que se iba a sanar” que teníamos hasta hace 10 segundos, etc. etc. etc.

No, hermanos. Se nos predica, enseña, exhorta, alienta, a que creamos que el Señor es un festival multicolor las 24 horas y que jamás seremos alcanzados por dardo alguno del enemigo de nuestras almas.

Job tenía razones para estar perplejo ante lo que experimentaba. Por gracia del Señor, ¡no tuvo que soportar él la “guía” de pastor o líder alguno! Aunque era un hombre temeroso de Dios que se preocupaba realmente por el bienestar de su familia y ofrecía sacrificios a Dios por temor a que alguno de sus parientes hubiera mostrado algún signo de rebeldía contra el Señor.

Job sufrió el despojo de sus bienes, la muerte de sus familiares, la pérdida de toda su salud, y la desconfianza de su propia compañera, que le pidió que maldijera a Dios ¡y se muriera!

Tan mal enseñados estamos que si sólo se nos volara la corbata, irrumpiríamos en un palabroterío interminable para justificar que nos encontramos frente a un ataque del mismo infierno sobre nuestras vidas!

No estamos enseñados para recibir lo malo de Dios.

Para aprenderlo, sólo nos queda un camino. Experimentarlo…

Cuando lo hacemos, la burbuja se quiebra, nuestros ojos se abren y comprendemos que la libertad que tenemos en Cristo puede vencer a la misma muerte, y si permite que seamos vencidos por ella, podemos estar seguros que es porque ya no hacemos falta en este suelo.

Que el Señor te bendiga !

Raimundo


Deseas prosperidad ? - 3a parte.

Es interesante ver que cuando se toca el tema de la prosperidad, se puede palpar el rechazo unánime de aquellos que tienen el oído acostumbrado a escuchar la doctrina de la abundancia.

No juzgo a tales hermanos. Yo mismo he navegado por esas aguas y creo que puedo llegar a comprender lo que se siente.

Al leer algunos de mis textos, suelen decirse a sí mismos: “Si lo que yo creo (además de que me lo enseñó mi pastor, que no es cualquier pastor, sino que tiene “tantos” años en el pastorado y cuenta con el aval de las más importantes organizaciones evangélicas del país y del exterior)… ¿cómo puede este hermano caer en semejante error?”, (casi me parecería escucharlos, porque de hecho me he escuchado antes a mí mismo… jaja).

¿Error? Si examinamos la palabra de Dios, en ninguna parte se enseña que debamos anhelar el éxito económico.

Las añadiduras, siempre son y seguirán siendo “añadiduras”. No deben buscarse de ningún modo… vendrán si el Señor quiere.
Lo principal del asunto es presentar al Señor Jesucristo resucitado a toda criatura, o sea, predicar el evangelio de Jesucristo. El resto de las enseñanzas “modernistas”, “positivistas” y de kermese… no son más que hojarasca.

Se suele citar con frecuencia este versículo: “Amado,  yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas,  y que tengas salud,  así como prospera tu alma” (3° Juan 1:2).

Mediante este párrafo se induce a los cristianos a desear cuantas cosas quepan en su corazón, puesto que ¡Dios no puede negarse a darles a Sus hijos lo que ellos le pidan!

Si se lee correctamente, no habla de que tenga abundancia, sino que sea prosperado.

Es posible tener lo necesario y vivir plenamente.

Pablo dijo una vez: “Sé vivir humildemente,  y sé tener abundancia;  en todo y por todo estoy enseñado,  así para estar saciado como para tener hambre,  así para tener abundancia como para padecer necesidad” (Filipenses 4:12).

Ahora bien… Para vivir en la abundancia que asegura haber vivido, manifiesta que debió “ser enseñado”.

Muchos en la actualidad desean la abundancia sin someterse a la educación previa para sobrellevar con humildad la abundancia.

Las pruebas saltan a la vista, cuando vemos hermanos que hacen ostentación de sus bienes, utilizando formas de hablar de apariencia espiritual y creyendo que Dios les ha ascendido en la jerarquía (por así decirlo), y creen (ilusos ellos) que por tener bienes materiales, queda confirmada la “bendición del cielo sobre sus vidas” por lo que ellos han logrado esas metas mundanas y otros hermanos no.

Es muy triste lo que digo, pero lo he visto con mis propios ojos. Nadie me lo ha contado. He saboreado esa clase de trato por parte de varias personas (muchas de ellas “líderes” y “hermanos crecidos”), y hasta he notado que en sus palabras adornadas estaban esperando despertar mi envidia.

Más que envidia, me llenó de tristeza esta actitud. Me recuerda a la tristeza de Jesús cuando habló con el joven rico… Ese tipo de tristeza. Dan ganas de llorar a los gritos y decirles: ¿Pero es que todavía no entendieron nada del evangelio? ¿Cómo pueden personas así apacentar a las ovejas? Es realmente doloroso. Pero por otra parte, es verdad. Lo cual es más triste aún.

Ojalá mi testimonio fuera falso. Por el bien de la iglesia ! Pero lamentablemente, el rumbo que ha tomado la predicación “exitosa” es evangélicamente degradante.

¿Alguien puede pensar que Jesús se mató para que nosotros comamos y bebamos?

¿La enseñanza apostólica apuntaba a la bendición económica?

¿Dejaremos de desear un perpetuo “Disneyworld” y tomaremos de una buena vez la cruz que nos toca, sin importarnos el precio que debamos pagar?

Silencio…

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Raimundo.


Deseas prosperidad ? 2a parte.

Recibí un mensaje de Salim:

Cordial saludo, su predica o mensaje es alentador y motivador para la obra de cristo jesus, pero en lo que no estoy de acuerdo, es que dios en este mundo quiere que segun usted vivamos en pobresa , dolor, o vida de pobre en lo economico, no se si le entendi, o no pero dios hizo al hombre a su semenjanza, y dios es rico en todo y quiere que sus hijos se rico como el lo vemos em el antiguo testamento y en el nuevo, se hablo de prosperidad espiritual y material, lo que no debemos es que idolatremos al dinero,pero podemos vivir comodos por gracia de dios. amen del resto todo muy bien, y nos ayuda a ver una realidad mas cristina de su palabra, le felicito y espiritu de dios este con nosotros. amen. favor reponder.

FIN DEL MENSAJE.

Mi respuesta:

Amado hermano,

Todo lo que el Señor desea para nuestras vidas, ya lo poseemos.

Aquellos deleites sublimes que nos esperan en gloria, no tienen comparación alguna con las migajas que estamos acostumbrados a recibir en este mundo (y me refiero por “migajas” a todo lo que este mundo puede ofrecer, aún aquellas cosas tan “codiciables” para el ojo, el apetito y la vanagloria).

No piense que estoy en contra de que una persona posea dinero, todo lo contrario.

Estoy en contra de aquellos que predican el bienestar material, como si Cristo hubiera muerto por esas vanidades.

El dolor, ¿quién no lo padece? Un hermano que se va a la guerra, una mujer que de pronto sufre una enfermedad, un esposo que se va saltando cual adolescente tras la primer falda que encuentra, un niño que es secuestrado y mutilado…

El dolor es parte de nuestra realidad, hermano. Y no existe un modo mejor de ser formado en el camino, que mediante la prueba.

Al comenzar la vida cristiana, mis pruebas eran muy tontas (desde mi punto de vista actual) como ser:

“He mentido…¿perderé la salvación? ¿Qué cosas estaré haciendo bien y qué cosas estaré haciendo mal?”, “¿Debo servir al Señor en la India?”, “¿Y si la esposa que el Señor elige para mi, no es de mi agrado? ¿Qué hago? ¿La acepto igual porque viene de Dios? ¿Y si no es de Dios?”

Todas estas luchas (más bien psíquicas y ligadas a emocionalismos) fueron válidas y me hicieron crecer. Pero con el tiempo, y a medida que uno se va acercando a la meta (aún me falta muuuuucho por llegar), las pruebas son mucho más complejas… Entendiéndose por complejas, la pérdida de un ser amado que nos deja sin respuestas desde el cielo… (nuestros eternos “porqués”), un hijo que comienza en la droga (aún cuando nos sentábamos con él en la iglesia para cantar himnos…). Son sólo ejemplos, he vivido algunos de ellos y otros no. Pero quería ejemplificar la complejidad de las pruebas.

¿Por qué? Se preguntará usted…

Le explico.

¿Cómo podremos sostener a alguien que está atravesando por un dolor enorme si sólo conocemos ese dolor por medio de lo que nos dice un libro o una revista?

¿Estamos de ese modo “externo” capacitados para aconsejar y dar una palabra de esperanza en medio del dolor? ¿o al menos una palabra de consuelo? ¿o sentarnos al lado de la persona lastimada y comprender (y hacer nuestro) su dolor? Eso es lo que se llama empatía. Ponerse en los zapatos del otro.

Por muchos años quise ser consejero (y de hecho algo aconsejé) pero veía que muchos sólo buscaban en dónde lucirse con su conocimiento bíblico en lugar de pretender abrazar el dolor del ser que estaba frente a él sufriendo.

¿Eso es cristianismo? Yo lo dudo. Aunque si mira bien, hermano… lo verá más de lo que se imagina.

Espero que el Señor le bendiga y le permita caminar firmemente sobre su delgado sendero hasta la victoria !!!

Raimundo Baravaglio.